El
lenguaje natural, también llamado lenguaje
ordinario, es el que utiliza una comunidad lingüística con el fin primario de la
comunicación y se ha construido con reglas y convenciones lingüísticas y
sociales durante el período de constitución histórica de esta sociedad. Es el lenguaje que
hablamos todos. El individuo, por el hecho de nacer en sociedad, acepta
normativamente el lenguaje de su propia comunidad lingüística; el influjo que el
individuo puede ejercer sobre el lenguaje, pasa únicamente por el hecho de
hablarlo, por el habla.
Son ejemplos de lenguaje natural el castellano, el catalán, el vasco o el
gallego, en España, y cualquier otro idioma que se hable en alguna parte del
mundo. El lenguaje natural se considera un instrumento sumamente adaptado a la
comunicación de la vida ordinaria, pero ambiguo y vago si hemos de atender al
punto de vista de la comunicación científica.
El lenguaje artificial, en oposición al natural, tiene como finalidad
evitar –justamente- los inconvenientes de ambigüedad y vaguedad de los lenguajes
naturales u ordinarios y, por ello, presenta un grado de artificialidad y
convencionalidad mucho mayor por lo que se refiere a la construcción de símbolos
y al significado que se les asigna. Símbolos y significados no pertenecen a
ninguna comunidad natural de hablantes, sino a grupos de hablantes
relacionados por objetivos científicos o técnicos. El lenguaje artificialmente
construido se divide en técnico y formal.
El
lenguaje técnico utiliza el lenguaje natural, pero
previamente definido en gran parte de sus términos, de manera que las palabras
adquieren técnicamente un significado propio y adecuado a los fines de la comunidad que las utiliza. Así, el lenguaje técnico
de la física, por ejemplo, define el sentido en que utiliza términos, también
propios del lenguaje ordinario, como son fuerza, masa, velocidad, espacio, etc.,
y el lenguaje técnico de la medicina, oscuro para los profanos, es sumamente
útil para la práctica médica.
El
lenguaje formal, a su vez, es una clase de lenguaje
artificial en el que no sólo se construyen artificial y convencionalmente los
símbolos propios del lenguaje, sino también sus reglas de construcción y sus
reglas de transformación, convirtiéndose en la práctica en un cálculo. Los
lenguajes formales, si adoptan además una interpretación, se convierten en
lenguajes plenamente formalizados.
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